viernes, 14 de marzo de 2008

El Cusco como botín


La virulenta reacción del pueblo del Cusco contra un intento más de saquear el patrimonio nacional está plenamente justificada. La ley aprobada en el Congreso que permite las concesiones a privados dentro de monumentos históricos es, desafortunadamente, otro episodio de rapiña, de los tantos que ya ha visto nuestra historia. La apurada corrección que permite a cada gobierno regional decidir no es sino una muestra más de la impotencia de los que gobiernan, que no se atreven siquiera a hacer leyes para toda la nación. Es falso, como quieren hacer ver los extraviados portavoces de la derecha, que el tema tenga que ver con atraer o ahuyentar la inversión privada en la industria turística. Los inversionistas serios saben que en ninguna parte del mundo está permitido poner negocios dentro de los monumentos históricos. ¿Han visto acaso un McDonald en las pirámides de Egipto, la Muralla China, Notre Dame o el Lincoln Memorial? Jamás. A nadie se le ocurre.
Salvo, por supuesto, en nuestro querido país. Aquí, debido al debilitamiento de la autoridad pública, causada por la soberbia neoliberal que vivimos, se quiere abusar de nuestro patrimonio histórico, convirtiéndolo a él mismo en mercancía. Porque una cosa es el negocio que permite acceder al conocimiento y gozo de los monumentos en cuestión y otra, muy distinta, considerarlos a ellos mismos como piezas de cambio. Por ello decimos que si una porción o parte del patrimonio se puede ceder, aunque sea temporalmente, a privados, pierde su naturaleza de bien público y ve amenazada su condición misma de patrimonio nacional.
La malhadada ley, por lo tanto, no solo tiene que ver con la regulación de un aspecto del negocio turístico, sino, mucho más que eso, con sacar del dominio público algo que es de todos y que, además, conforma una de las vigas maestras en las que se basa nuestra identidad como peruanos. No es, de ninguna manera, exagerada por ello la comparación con la expoliación colonial que se ha hecho durante siglos de nuestras riquezas y que se ha seguido haciendo durante la república. ¿Quiénes la hacen? Aquellos que no tienen identidad con el país. No es casual que esto ocurra luego de que se ha aprobado el TLC, ese nuevo Contrato Grace que pretende someternos aún más al poder imperial. Uno ha sido ensayo para el otro. Debemos por ello aprender y no dejar pasar este nuevo brulote que afecta nuestra entraña misma.Tampoco es casual que el nido de la protesta venga una vez más del Cusco. Ese pueblo rebelde y antiguo es cuna de nuestra nacionalidad y, por tener buena parte de nuestros significativos monumentos, tiene una especial sensibilidad frente al tema. Además, ha sido testigo como ninguno del asalto al que nos han sometido conquistadores, virreyes y dictadores. ¿Por qué va a tener miedo a estos Pizarros de salón que nos gobiernan?


Nicolás Lynch, ex Ministro de Educación
Fuente: La República

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